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Versión completa del artículo y los testimonios de los participantes.

Nos cuidamos la espalda

La generación 2019 de una de las certificaciones que ofrece Liedtke Coaching School -LCS-, fue dividida en 3 comunidades, la nuestra estuvo integrada por 7 alumnos (César – quien al mes decidió salir del proceso -, Christine -participando desde Osorno-, Marianne, Daniela, Gonzalo, Leonardo y Carolina).
La metodología indicaba que la penúltima acción del proceso de certificación sería un mini taller para personas cercanas a cada uno de nosotros (familiares, amigos, colegas, gente de empresas, etc.); con el fin que dicha acción fuese semejante a un laboratorio de aprendizaje, del cual destacar aquello que funcionó y lo que podría corregirse, desde las intervenciones individuales, grupales y la logística.

La coordinación del evento contó con la participación del equipo completo y finalmente, transcurrida la presentación, tanto el equipo como la supervisión, calificamos el resultado con muy buena nota.

Para la semana siguiente estaba coordinada la última acción del proceso de certificación, consistente en un mini taller de 5 horas a una importante empresa del sector logístico -de más de 800 colaboradores-, cuya audiencia para el taller se preveía en 20 personas, de distintas áreas, desde cargos gerenciales hasta jefaturas.

Los hechos.

Días atrás habíamos visitado la empresa para observar la sala donde se desarrollaría el taller y así conocer con que recursos contábamos; y el día previo, miércoles a las 18.30 horas, comenzamos con el chequeo final de la coordinación del evento; ¿cada uno tenía listo lo que le tocaba aportar?

Cuadernos, lápices, presentación audiovisual, material impreso y los recursos de cada una de las dinámicas grupales que propondríamos a la audiencia, entre una cantidad numerosa de aspectos que teníamos que cubrir. Una vez más todo el equipo participó de los preparativos, estaba todo previsto, todo chequeado y disponible, todos felices y tranquilos.

Sin embargo, media hora después, a las 19 hs, nos llega un mensaje por WhatsApp en el que una integrante de la comunidad nos informaba que se bajaba de la certificación, por lo tanto, se ausentaría el día siguiente. Asimismo, informaba que minutos previos había comunicado su decisión a uno de los directores de la escuela. Ese fue el mensaje, ese fue todo el mensaje.

Aquella coordinación precisa se convirtió en incertidumbre y nuestra tranquilidad se convirtió en alarma y preocupación horas previas al taller, muy pocas horas antes.

Estaba en el parque con mis perros y Daniela me llamó al celular, después de hacer una muy breve catarsis nos focalizamos en lo importante (al otro día teníamos el compromiso de realizar un taller en una empresa), de modo que repasamos las distintas herramientas de la certificación, con la convicción que alguna de ellas nos ayudaría a enfrentar la situación.

Rato después hablamos más de media hora con Gonzalo y entre los 3 repasamos la coordinación general, especialmente aquello que estaba a cargo de Carolina, para luego reasignar a cada uno de nosotros.
Lo que un par de horas antes estaba listo, dos horas después ya no lo estaba.

Una de las dinámicas de grupo necesitaba mapas impresos, cuyo archivo original no teníamos como así tampoco las impresiones, a esto sumarle otros recursos que nos faltaban …y sí…el reloj, era nuestro principal enemigo. Pasadas las 10 de la noche estábamos en internet buscando mapas semejantes a los que ya no teníamos (no los encontramos por lo tanto los trazamos desde cero) y ocupándonos de resolver cada punto ahora pendiente.

Simultáneamente, Marianne, estaba en pleno coloquio de práctica con su grupo externo de trabajo, de modo que había que avanzar y decidir sin su opinión, no obstante semanas atrás nos había comentado que el tema asignado a Carolina, era el de su preferencia y que le hubiese encantado que, en el sorteo de temas, aquel le tocara en suerte.

Pasadas las 23 hs logramos comunicarnos con ella, expusimos la situación y nos respondió que se haría cargo de su tema y además del tema “huérfano”, con el compromiso del resto de los integrantes que seríamos soporte y complemento activo de su exposición.
Las horas previas al taller que eran para descansar se convirtieron en horas movidas, pasamos del tener todo listo en tiempo y forma a la incertidumbre, horas de coordinación de nuevas acciones, de nueva toma de decisiones, adaptación, cambio, en fin, lo que sucede en las empresas todos los días, la vida misma.

El propósito para el día de la presentación era “dejar los colores de la escuela en alto y cuidar a los asistentes” sumado a que, tiempo atrás, habíamos elegido la frase “nos cuidamos la espalda” como guía de nuestra comunidad.

Cuento corto, el taller salió redondo; si bien cada uno conocía en mayor profundidad su tema, la metodología de la escuela indica que teníamos que conocer el contenido total, esto permitió que apoyáramos a Marianne en su tema “heredado” y además generó que dicha dinámica se trasladara a las otras presentaciones, por lo tanto, el resto facilitamos nuestros temas con la intervención y participación de todos.

Problema imprevisto a último momento, incertidumbre, tiempo escaso, nervios, crisis y también compromiso, confianza, compasión, gestión de la tensión, aplicación de las herramientas aprendidas, abrazar el cambio, adaptación, decisiones rápidas, hacernos cargo, trabajo en equipo, y dado que estas distinciones se practicaron, el propósito de cuidar a la escuela y a los asistentes, quedó cumplido.

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Testimonios sobre como lo vivió cada integrante del equipo.

EL COMPROMISO… ¿UNA PROMESA?

Cuando ocurren cosas inesperadas o también llamados “quiebres”, desde el vocablo del Coaching, suceden automáticamente una serie de eventos que nos llevan a tomar decisiones y/o asumir este nuevo espacio de cambio con diferentes reacciones.
“El Quiebre” es un evento que nos saca de la transparencia, siendo ésta la que nos hace vivir medianamente tranquilos al suponer que todo debe seguir fluyendo tal y como está, sin pensar mayormente en que es de esta forma y no de otra, es muy similar a realizar movimientos básicos; caminar, hablar, etc. los que de no ser por algo imprevisto, debiesen seguir sucediendo.

Parte de estas acciones en un quiebre declarado es una reacción automática de generar conversaciones internas, tratando de sopesar, calcular, reprochar o bien proyectar el evento en el futuro…, preguntas como “¿Por qué a mí?”, “¡¡cómo no me di cuenta!!”, “por mi Culpa”, “¿Qué voy a hacer ahora?”… etc… ¿Se entiende no?. Pues bien… lo que les voy a relatar hoy va en relación con mis reflexiones respecto del quiebre sucedido el día previo a nuestra exposición final del proyecto de Coaching Organizacional, donde uno de nuestros integrantes de nuestro ya mermado equipo (de 6 ya quedábamos solo 5) decidió abandonar la presentación horas antes y en consecuencia renunciar también a la certificación de nuestra Escuela.

Las conversaciones que hasta hoy, ya pasados algunos años de este evento me hago y las cuales me han servido como experiencia para afrontar futuros procesos grupales o proyectos en equipo son en general enfocadas a transparentar o visibilizar cuál es el grado de importancia y compromiso que cada uno del equipo tiene respecto de la tarea, proyecto o desafío a lograr.

Desde el Coaching, “La promesa” es componente de “Los actos del Habla” y ¿por qué me refiero particularmente a ella al recordar este evento? Es simplemente porque este acto del habla tiene la particularidad de modificar el futuro. Cuando en el Coaching se habla de que “el lenguaje crea realidad”, es precisamente por actos como este, hay que comentar que no es solo el único, sino más bien el que resuena para mí en este relato.

Como les decía, el acto de establecer una promesa permite a los que se adscriben a ella, el poder establecer otras promesas con otras personas y/o tiempos, poder coordinar acciones con “otros” de una manera fluida y de esta forma, establecer ciertas acciones conjuntas o bien individuales en pos de lograr un objetivo grupal. Sin embargo, cuando establecemos la promesa grupal, ¿estamos todos al mismo nivel respecto de la importancia que cada uno del equipo le otorga a este acto del habla? ¿Cómo podemos estar seguros de que cada uno del equipo entiende el grado de compromiso que genera este acto en los demás del equipo?

Estas son las preguntas que hasta hoy tengo muy presente a la hora de establecer una promesa grupal o bien individual en relación al otro, ya que, si respeto mis acuerdos o promesas, existe otro que puede esperar y confiar en mi compromiso y acciones prometidas que nos llevarán al final de este camino llamado desafío como solo UNO.

La cadena de compromisos o promesas que desencadena solo una promesa es un efecto dominó que es muy difícil de dimensionar, es un red de futuras acciones que no necesariamente tienen relación con las personas que pertenecen al grupo, cada uno del equipo realiza sus propias promesas personales para poder cumplir con “La Promesa” establecida al equipo; como por ejemplo coordinaciones familiares que permiten disponer del tiempo de preparar una acción o resultado, el compromiso en este caso con la organización que nos recibe, el lugar donde se realiza el evento, cada uno deja de disponer de tiempos con “otros” regalando este tiempo al equipo… etc., etc… pudiendo seguir así enumerando promesas desde las más importantes a las que parecen ser irrelevantes pero que hacen depender el éxito de la primera promesa establecida, la cual tiene condiciones de satisfacción claramente establecidas para poder darse por cumplida.

Entonces, volviendo al fenómeno de que uno de nuestros integrantes haya decidido abandonar a horas de nuestra “Primera Promesa” su propio compromiso adquirido con nosotros y su escuela, me hizo reflexionar por mucho tiempo de cual fue para este personaje “XX” la importancia de su promesa, ¿fue su promesa así de importante como lo fue para mí? ¿Fue esta promesa igual para todos? ¿Qué tan importante éramos nosotros “El Equipo” frente a sus propias motivaciones que lo(a) hicieron salir? ¿Cómo poder chequear a futuro las posibles diferencias de importancia de un integrante del equipo y qué hacer con ello?, al parecer juzgo que no fueron lo suficientemente potentes sus promesas al equipo, ya que tampoco recibimos un mensaje claro del porqué de su salida tan abrupta, tampoco una preocupación de salir del compromiso ofreciendo llevar y cerrar sus acciones que tenía a cargo, entregar los materiales, ofrecer su ayuda en cualquier cosa necesaria para darle continuidad a “La promesa”, al menos para mí fue un golpe duro a la confianza depositada en el equipo y en cada uno de nosotros, pero respecto de la confianza, la cual da para largo, hablaremos en otra oportunidad.

Me quedo con la resiliencia del equipo, el cual fue capaz de abordar un quiebre tan abrupto y poder sobrellevar con éxito la promesa de nuestro equipo, dejando en alto el nombre de nuestra escuela LCS Liedtke Coaching School y el de nuestro equipo.
Felicito a los que fueron capaces de sostener el compromiso pactado y sobrellevar con éxito el trabajo y acciones de los que no pudieron hacerlo.

Gonzalo Ubilla Cavada
Coach Organizacional Integral Coach Ontológico

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¿CÓMO TOMAS DECISIONES EN MINUTOS DE INCERTIDUMBRE?

¿Cómo sería el liderazgo si tomáramos decisiones teniendo como base la confianza? ¿Cómo sería el trabajo en equipo, si ante situaciones demandantes, tomáramos decisiones teniendo como base la confianza?

El 2019 estaba estudiando para certificarme como coach organizacional, para este proceso nos dividieron en 3 grupos, el mío integrado por Leonardo, César, Carolina, Daniela, Gonzalo y yo (Marianne). De entre mis seis compañeros, yo era la más primeriza en términos organizacionales, pues provenía de un mundo artístico con luces y escenarios de magia.

En el proceso, mi grupo comenzó a vivir momentos de storming, situación normal cuando un grupo se conforma y pasa a ser un equipo, sin embargo lo que no esperábamos, o al menos yo no esperaba, era que César decidiera dejar de seguir este proceso junto a nosotros. Cuando ocurrió esto, comencé a vivir una situación insatisfactoria debido a que no tenía certeza y/o seguridad de que alguien más se retractara de continuar. Hay que tomar en cuenta que durante la certificación teníamos la responsabilidad de hacer facilitaciones a un grupo de personas, y luego a un equipo en alguna empresa. Era una responsabilidad muy grande por parte de la escuela que nos guiaba, como también por parte de nosotros… debíamos poder transmitir confianza ante este equipo, ante esta nueva información que íbamos a mostrarles.

La noche antes de que realizáramos la facilitación a esta importante empresa de logística, Carolina sin dar previo aviso y solo informando por medio de WhatsApp, se retiraba de la certificación. El tema que a ella le tocaba facilitar estaba ahora sin quien los mostrara…

En el minuto que ocurrió todo esto, yo me encontraba haciendo mi tercer coloquio, el cual estaba siendo observado por mi coach mentor, por tanto enterarme de esto me produjo aun más presión pues había que resolver en cuestión de horas que hacer.

¿Cuáles serían los pasos a seguir? ¿Qué decisión era la más acertada?

Como dice el método de Lencioni, la confianza es la base de cualquier relación o situación, y lo indispensable para tener resultados de equipos de alto rendimiento.

¿Existía realmente la confianza necesaria para solucionar como equipo este conflicto que estábamos viviendo?

¿Como saber si esa confianza era certera y tangible, no tan sólo una intuición o sentimiento? ¿Cómo sería posible que a partir de la confianza tomáramos decisiones que serían decisivas para nuestra certificación?

Por supuesto era posible y hoy lo veo, pues la confianza no sólo se conforma de ese sentimiento o intuición, la confianza tiene pilares, y a partir de estos podemos tomar decisiones de manera más responsable.

Estos son los 4 pilares de la confianza:

1) Sinceridad: Es la buena intención de hacer las cosas bien. Hay coherencia en lo que se dice y hacer externamente.

2) Confiabilidad: El pasado demuestra que se puede confiar, en donde se verá con claridad si cumple sus promesas o compromisos. Es la historia de la persona u organización.

3) Competencia: Tiene la experiencia o habilidad para ejercer un rol o realizar una actividad.

4) Involucramiento: Cuan involucrado esta con lo que se hace. Es el compromiso de la tarea a realizar. A mayor involucramiento hay más confianza.

Era tanto mi involucramiento y sinceridad ante la situación que estábamos viviendo como equipo, que decidí tomar uno de los temas de Carolina.

Al día siguiente me tocaba partir a mi, era la primera, tenía que arrancar la facilitación. Sin embargo me paralicé, no supe que hacer, y utilizando esa misma confianza que mi equipo puso en mi cuando decidí hacerme cargo de uno de los temas, mire a Gonzalo y traspasé esa responsabilidad entregando el lápiz y mencionando que él nos mostraría el modelo de el OBSERVADOR.

Ahora luego de dos años, ya certificada y con experiencia, observo que Gonzalo tenía el pilar de la competencia más desarrollado que yo, había más confiabilidad ante su pasado, y que eso esta bien también.

Los equipos de alto rendimiento están para cuidarse la espalda, y así hicimos entre Leonardo, Daniela, Gonzalo y yo.

Y tu equipo, ¿Cómo está tomando esas decisiones en minutos de incertidumbre?.

Marianne Eneros
Coach Organizacional Integral

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APRENDIENDO DE LAS CRISIS

Recuerdo perfectamente esa crisis de equipo que tuvimos como equipo, un equipo que no se conocía en profundidad y era un evento importante el que teníamos, ya que de eso dependía la aprobación o repruebo de la certificación.

Durante el curso habíamos visto muchas herramientas para utilizar en casos de crisis o de necesidad de cambio, analizamos lo que se vive al interior de un equipo de trabajo cuando hay crisis, sin embargo, nunca pensamos que lo tendríamos que vivenciar, ya que éramos un equipo que teníamos aparentemente todo armado y resuelto para esa presentación, por lo que cuando una de nuestras integrantes nos notifica que no participaría del taller horas antes del mismo, se sintió por un momento como la explosión de una bomba, ya que nos paralizamos, nos enojamos, nos asustamos antes de recomponernos y decidir hacernos cargo.

El hacernos cargo de este cambio de planes generó que afloraran distintas conductas y herramientas que cada uno poseía desde su personalidad, sin embargo, todos optamos por enfrentar la situación y hacernos cargo, apagamos la queja y el enojo que teníamos en nuestra cabeza y decidimos dejarla para después, ya que en ese momento sólo nos obstaculizaba más la consecución del objetivo, que era presentar el taller, y lograr traspasar los conocimientos adquiridos durante seis meses a los asistentes en un periodo de 5 horas, y ahora debíamos sumar el que nadie se entere de la crisis que tuvimos que enfrentar y resolver horas antes del mismo.

Si bien esta crisis nos hizo enfrentar alguno de nuestros peores miedos, como todas las crisis, también nos empujó a salir de nuestra zona de confort y a adaptarnos, y a confiar en cada uno de los restantes integrantes de este equipo, el cual por cierto funcionó de manera espléndida, el taller fue todo un éxito, los asistentes nunca se enteraron que mucha de la planificación fue hecha sobre la marcha y sobre todo conseguimos un objetivo que estaba oculto, que fue adaptarnos rápidamente y salir victoriosos de aquello.

Es importante cuando enfrentamos situaciones adversas o crisis que a pesar de vivirlas con incomodidad, encontremos el valor de la misma, la enseñanza o el aprendizaje, de manera tal que seamos capaces de adaptarnos y verla como una oportunidad de crecimiento.

Daniela Bulnes
Coach Organizacional Integral Abogada

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LUCIDEZ

El relato sobre como viví la experiencia está centrado desde que llegó el mensaje por WhatsApp -pasadas las 19 hs- hasta el momento que hablamos con Marianne -más allá de las 23 hs- (es decir, las horas previas al taller que comenzaba al día siguiente a las 9 de la mañana).

Tomaré como guía dos historias que aplico en la vida y en la vida organizacional, en aquellos momentos de crisis, dificultades, desorientación y “viento en contra”.

La primera refiere a una de las tantas y memorables frases que Fernando Parrado nos ha regalado en sus múltiples conferencias y libros, a propósito de las enseñanzas que le dejó el accidente del avión de la fuerza aérea uruguaya en el Cerro El Sosneado en octubre de 1972:

“La lección más grande que aprendí tuvo que ver con la toma de decisiones. Ninguna decisión me lleva más de 30 segundos y a veces no son las más acertadas. Tomar decisiones rápidamente es una gran virtud. Virtud que los empresarios de hoy, inmersos en un mundo competitivo, requieren cada día más”.

Salvando las enormes distancias que existen entre una crisis donde está en juego la vida y la crisis (coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable) o dificultades de último minuto que nos tocó a nosotros, destaco lo vital que representa aprender la habilidad y competencia de tomar decisiones rápidas cuando Cronos es desfavorable…tic…tac… tic… tac…

A Parrado y el resto de los chicos les iba la vida. En cambio nosotros teníamos que facilitar un taller donde la realidad cambió en segundos, de modo que surgieron nuevas preguntas:

¿Cuál es nuestro propósito?
¿Cuál es nuestra situación? Aquí y ahora.
¿Qué resultado queremos, qué tenemos y qué nos falta?
¿Qué hacemos con lo que tenemos?
¿Cuáles son nuestras dificultades? Las reales, no las imaginarias.
¿Qué camino elegimos? ¿Nos convertimos en víctimas o protagonistas? ¿Cuál es nuestro nuevo plan? ¿Qué? ¿Cómo?
¿Qué habilidades y competencias poseemos para superar el obstáculo? ¿Qué haríamos si pudiésemos comenzar desde 0?
¿Qué es lo peor que podría pasar?

La esencia del taller la habíamos construido sobre varias de las preguntas precedentes, de modo que las respuestas no se modificaron; pero en función de los hechos surgieron nuevas preguntas, que, naturalmente, requerían respuestas y decisiones, por lo tanto, las resolvimos ahí mismo. Paralizarnos y lamentarnos no era opción, nos movimos ligero, rápido, avanzamos, como lo hizo Parrado.

 

La segunda historia involucra el concepto de lucidez a través de una frase del técnico de vóley Julio Velasco (designado el mejor entrenador de vóley del siglo XX, dos títulos mundiales y una medalla olímpica dirigiendo a la selección de Italia): “Hay que tener en claro lo que hay que hacer en cada momento”.

Veamos el concepto de lucidez con un ejemplo futbolístico.
Supongamos que termina el primer tiempo y el equipo A va ganando 1 a 0, consecuencia de un fútbol inteligente y práctico.         A mitad de la segunda parte le empatan y sobre el final le anotan el segundo gol, finalmente pierde el partido.
Buscando las causas sobre la derrota el técnico destaca: “En el segundo tiempo no marcamos donde había que hacerlo, nos olvidamos de los relevos, no presionamos, entregamos la pelota al rival, nos replegamos y olvidamos de contra atacar, realizamos faltas cercanas al área estando los delanteros rivales de espaldas al arco, nos enloquecimos, no nos hablamos, en los lapsos que recuperábamos la pelota jugamos vistoso pero apurados cuando lo adecuado era jugar lento y mantener el balón, jugamos sólo con las piernas y dejamos de jugar con cabeza fría.”

“Por momentos se puede jugar vistoso, por momentos jugar feo, en otros es adecuado mandar la pelota a la tribuna, en otros es la pelota la que tiene que correr, por momentos tiene que primar la paciencia y esperar lo espacios libres que deja el rival para habilitar a los delanteros ….nada de esto lo visualizamos ni corregimos durante el segundo tiempo, perdimos lucidez.”

Regresando a nuestra experiencia, nos tomamos breves minutos para hacer catarsis e inmediatamente después avanzamos;     no había tiempo para lamentarnos, quejarnos, reprochar, juzgar, auto compadecernos, o el clásico culpar al juez, señalar al VAR, a la mala suerte, que la cancha estaba embarrada y el viento soplaba en contra, o solicitar cambio de fecha del taller o buscar un sin fin de explicaciones, ¿cuál sería el aporte? ¿para qué?.

El agua no conoce de obstáculos, los pasa por el costado o por encima; nosotros “bajamos la pelota al piso”, nos hicimos cargo, aplicamos pensamiento crítico, obtuvimos la mayoría de los recursos que nos faltaban (algunos nos faltaron, pero fuimos creativos y hasta improvisamos), decidimos rápido, ejecutamos y resolvimos las dificultades…cabeza fría…lucidez.

“Hay que tener en claro lo que hay que hacer en cada momento”.

 

Leonardo Merlo

Coach Ontológico
Coach Organizacional
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